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El Caradura...

Cuentos De Un Internauta: La Decisión…

—Me gustan los hombres.

—¿Qué?

—Sí. Me gustan los hombres.

—¿Pero cómo es posible?

—Y me doy cuenta…

—Pero cómo. No puede ser.

—Lo siento así.

—Debe ser un error.

—Ningún error.

—Hay confusión en tu vida, te diré.

—He intentando todas las formas y me gusta más con los hombres.

—Es ridículo, después de todos estos años.

—Nada más lejano de la ridiculez, al contrario.

—¡Explícate!

—Vibro con ellos. Siento placer. Un verdadero placer. Es una sensación completa, plena. ¿Eso es ridículo?

—Me parece que estás reaccionando a unos impulsos instintivos erróneos.

—¿Está mal que me exprese así?

—No, pero…

—Entonces pido que respetes mi decisión. No hay vuelta atrás.

—Después de todo este tiempo, tras tantas cosas que pasamos. Hemos congeniado hasta un punto inexplicable, hemos disfrutado tanto y ahora esto…

—Prefiero ésto a fingir. A no vivir. A no ser lo que soy. No quiero un closet para mi felicidad. Quiero una vida estúpidamente mía, a mi manera…

—No tengo palabras…

—Un “te comprendo” no estaría mal…

—Eso es lo difícil… Las mujeres son el sinónimo máximo de la belleza que existe, la gloria mayor de la naturaleza y vos me salís con este disparate de que te gustan los hombres… ¿A cuento de qué?

—A cuento de la plenitud. A cuento de mis apetitos particulares. Soy un ser libre y como tal quiero que se me trate.

—Es muy duro. Me cuesta aceptar…

—¿Qué te cuesta aceptar? ¿Que alguien pueda ser feliz por su cuenta sin que vos estés de por medio? ¿Solo a tu manera puede resultar? Dejáme decirte que estas cometiendo un error. Es más, alguna vez hablamos largo y tendido sobre la tolerancia y vos estuviste de acuerdo conmigo en el hecho de que con la tolerancia tendríamos un mundo mejor, más soportable. ¿Y después?

—Pero…

—¿Cuesta tanto aceptar la decisión de los demás?

—No, pero tratándose de ti, no lo esperaba.

—Nadie nunca espera lo contrario a sus rasgos y delicadezas…

—Me confundes. Disculpáme, pero no te entiendo.

—Si no puedes entenderme, al menos te pido que me respetes. Y sabes que puedes contar conmigo en honor a la relación que hemos forjado todos estos años.

—Es difícil. Me cuesta. Todavía no lo puedo creer…

—Me gustan los hombres y punto. Ya no pienso reprimirme.

—Y bueno… ¿Qué es lo que quieres entonces?

—Por lo menos respeto. Si más adelante hay comprensión por tu parte, eso sería un mundo ideal… Más todavía lo valoraré viniendo de ti, con lo mucho que te está costando aceptar mi decisión final.

—Creí que tu decisión anterior era firme…

—Fue una decisión intempestiva, motivada por mi poca vergüenza y desenfado, pero ésto último ya es definitivo…

—¿Fue un juego lo nuestro?

—Para nada. No ha existido nada más serio en mi vida, te lo juro. El aprecio que te tengo está más allá de toda prueba y por eso a ti te comento mi decisión de dejar ésto atrás, pero sin que eso implique que no puedas seguir contando con mi amistad.

—Y yo que pensaba que nuestra relación estaba consolidada en el amor…

—Lo está. Te aseguro que lo está. Solo que me gustan los hombres y esa apetencia ha ido confirmándose y adhiriéndose a mi ser con tanta fuerza que si no te lo decía hoy, no sé que hubiera pasado de mí, ni si me hubiera animado a decírtelo más adelante. Ha sido tan duro para mí como para ti. Palabra.

—Y bueno… Se te ve con la decisión en los ojos. Esa mirada ya la conozco y no creo que pueda cambiarla más. Me cuesta comprenderte, pero…

—¿Si?

—Pero en aras de la coherencia, como bien me lo recordas, debo respetarte. Es lo mínimo que debo hacer. Aunque me duela.

—¿En serio? Te lo agradezco. No esperaba otra cosa de tu parte. La sensatez te maquilló siempre.

—¡Qué pomposidad! En fin… ¿Y ahora qué?

—Seguiré mi camino y espero seguir contando con vos. Te quiero.

—Esto va a costar… pero bueno, no queda otra. Yo también te quiero y eso me hace renegar contra vos y a la vez te admiro. Fuiste de frente y eso tengo que respetarlo.

—Gracias Isabel. Estos son los momentos que se guardan con cariño en la vida de cualquiera.

—Me imagino. O no lo pienso mucho. Y bueno… ¿Te vas?

—Sí. Creo que por ahora sería lo mejor…

—Maldita sea la coherencia.

—Y bendita con honra, Isa.

—Dale. Listo. Andáte.

—Chau corazón, cuenta conmigo.

Se besaron y el abrazo posterior se partió. Mientras Isabel reprimía el llanto, Claudia se alejó de aquel pub de lesbianas, con su decisión hecha jirones y con la razón dándole pena.

Óleo sobre lienzo del español Pablo Picasso: "Dos mujeres sentadas en un bar."

Óleo sobre lienzo del español Pablo Picasso: “Dos mujeres sentadas en un bar.”

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Acerca de javiernez

Periodista. Locutor para Radio y Televisión. Pseudo Operador de Radio. Me gusta escribir (soy lo bastante caradura como para hacerlo en un blog por ejemplo), la música, el cine, los deportes y poder recorrer el camino de la felicidad, sorteando sus "baches" como principal objetivo de la vida, aunque no lo consiga siempre. El divague está a la orden del día, aunque no sea lo constante. Sigueme en Twitter: @javiernez.

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